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Artículos

El hilo de Ariadna

By 2 noviembre 2026No Comments

Entrar al laberinto es la parte fácil.

En la isla de Creta, el rey Minos guardaba un laberinto construido por Dédalo, el arquitecto más hábil de su tiempo. Sus pasillos estaban pensados para que quien entrara se perdiera. Cada cierto tiempo, jóvenes de Atenas eran enviados allí, y ninguno volvía.

Teseo pidió ir entre ellos. Antes de que entrara, Ariadna, la hija del rey, le entregó un ovillo de hilo. Cuenta Apolodoro que la idea había sido del propio Dédalo: atar la punta en la puerta y soltar el hilo a cada paso. Teseo llegó al centro, venció al Minotauro y regresó siguiendo el hilo, paso por paso, hasta la luz.

La historia se recuerda por la hazaña. Sin embargo, lo que salvó a Teseo fue una decisión que tomó en la puerta, antes de dar el primer paso.

El laberinto de hoy

Esta semana se publicó en Estados Unidos un estudio que llega a la misma conclusión que el mito: el próximo desafío del retiro empieza cuando termina el ahorro.

Durante décadas aprendimos a juntar. Se habla mucho menos de cómo transformar lo juntado en un ingreso que acompañe veinte o treinta años de vida, con la tranquilidad de saber que alcanza.

En la Argentina, la lección pesa el doble. Somos expertos en protegernos, en guardar, en desconfiar: sabemos entrar. La salida, en cambio, suele quedar librada al día en que llega. Ese día trae el último sueldo, la primera duda y el temor a que lo ahorrado se termine antes que uno.

Y el pasillo es cada vez más largo. Vivimos más años que nuestros padres, y cada año de más es un tramo de laberinto que también hay que recorrer.

Dos caminos

Juntar sin mapa, o juntar con hilo.

El esfuerzo de ahorrar es el mismo en los dos casos. La diferencia es que solo uno tiene camino de vuelta, y ese camino es el que permite disfrutar lo construido sin culpa y sin miedo.

El hilo se ata en la puerta. La buena noticia es que la puerta sigue abierta: cualquier momento es bueno para atarlo, y cuanto antes se haga, más largo es el pasillo que alcanza a cubrir.

¿Dónde ató usted su hilo?

Si quiere seguir pensándolo, conversemos.